Errores que veo
Cómo saber si quien te hace la web es de fiar
Te llama alguien un martes por la tarde. Te dice que ha visto tu negocio, que no tienes web o que la que tienes está anticuada, y que por un precio muy ajustado te la hace en una semana. Suena bien. El problema no es ese primer contacto: el problema es qué pasa dentro de seis meses, cuando necesitas cambiar un teléfono en la web y nadie te coge el móvil.
Lo he visto varias veces en negocios de la comarca: pagan, reciben la web, y a partir de ahí el silencio. Ni facturas claras, ni quien responda un correo, ni forma de saber quién es el dueño real del dominio. Antes de firmar nada, hay unas cuantas cosas que puedes mirar tú mismo, sin saber nada de tecnología.
Señal 1: ¿tiene domicilio real o solo un formulario?
Busca el nombre de la empresa o del autónomo que te está llamando. Si lo único que encuentras es una web con un formulario de contacto y un número que empieza por 900 o por un prefijo que no reconoces, desconfía.
Un aviso legal decente tiene que llevar un nombre completo, un NIF y un domicilio. Si no aparece por ningún lado, o aparece una dirección en otra provincia distinta a la que dicen tener oficina, pregúntalo directamente. No es de mala educación pedirlo: es dinero tuyo.
Señal 2: ¿el dominio y el hosting quedan a tu nombre?
Esto es lo que más veces falla y lo que más caro sale después. Una página web necesita un dominio (el nombre, como tunegocio.es) y un hosting (el sitio donde vive esa web, el servidor). Si quien te la hace registra las dos cosas a su nombre y no al tuyo, la web nunca ha sido realmente tuya.
Mientras todo va bien no se nota. El problema llega si un día quieres cambiar de proveedor, o si esa empresa cierra, o simplemente deja de responder: te encuentras con que no puedes mover tu propia web a ningún sitio porque legalmente no es tuya.
Pregunta esto antes de pagar nada: “¿el dominio queda a mi nombre?”. Si la respuesta es evasiva, ya tienes la respuesta.
Señal 3: ¿puedes hablar con alguien que ya sea cliente suyo?
Cualquier empresa seria de la zona tiene clientes reales a los que puede señalar. No hace falta una lista larga, con dos o tres negocios que puedas comprobar es suficiente. Búscalos en Google, mira si esas webs siguen funcionando, si cargan rápido, si se ven bien en el móvil.
Si te dicen que no pueden dar referencias “por confidencialidad”, raro. Una web de un negocio no es un secreto de estado: es pública por definición, cualquiera puede entrar a verla.
Señal 4: ¿qué pasa después de entregarla?
Aquí es donde se separa a quien vende una web puntual de quien se queda cerca. Pregunta qué pasa el día después de que la web esté publicada:
- Si quieres cambiar un texto o una foto, ¿tienes que pagar aparte cada vez?
- Si la web deja de funcionar un domingo, ¿hay alguien al otro lado del teléfono o solo un ticket que se abre y se cierra solo?
- ¿Qué pasa si dentro de un año quieres cambiar de proveedor? ¿Te dan todo lo tuyo sin poner pegas?
Muchas de las quejas que he escuchado en la comarca no son de la web en sí, que muchas veces está bien hecha. Son de después: de que nadie coge el teléfono para un cambio pequeño, o de que ese cambio pequeño cuesta lo mismo que la web entera.
Señal 5: el precio muy bajo también es una señal
No al revés de lo que parece. Un precio de 150 o 200 euros por una web completa normalmente significa una de dos cosas: es una plantilla genérica sin nada hecho a medida, o es el anzuelo, y el resto del dinero se cobra después en “extras” que en el presupuesto inicial no aparecían por ningún lado.
Eso no quiere decir que lo caro sea siempre bueno. Quiere decir que un precio tiene que venir con una explicación clara de qué incluye y qué no, por escrito, antes de pagar nada.
Lo de “es de fuera” no es el problema en sí
No hace falta que quien te haga la web viva en tu misma calle. Lo que de verdad importa es que puedas localizarla, que tenga un histórico comprobable y que responda cuando la necesites, esté donde esté.
Dicho esto, sí hay una ventaja real en trabajar con alguien de la zona: si algo va mal, sabes dónde buscarlo, y es más difícil desaparecer sin dejar rastro cuando tu nombre está ligado a negocios reales de la comarca que cualquiera puede comprobar.
Qué puedes hacer hoy
Antes de firmar con nadie, pide tres cosas por escrito: quién queda como titular del dominio, qué incluye el precio exacto y qué pasa después de la entrega. Si esas tres respuestas llegan claras y rápido, vas por buen camino. Si alguna se queda en el aire, ya sabes lo que suele pasar después.
Si tienes un negocio en Algeciras o en el Campo de Gibraltar y quieres una segunda opinión sobre un presupuesto que te han pasado, dímelo. Te digo qué me parece, aunque al final no trabajes conmigo.